Para conquistar Palestina, Dios recurre a procedimientos decisivos. En términos polemológicos contemporáneos, digamos que inventa la guerra total. De paso, divide las aguas del mar, ahoga a un ejército entero —¡nada de medias tintas!—, detiene el Sol para que los hebreos tengan tiempo de exterminar a sus enemigos amoritas (Jos 10:12-14) —amor al prójimo, cuando te apoderas de nosotros...— hace llover piedras y ranas —un poco de fantasía—, envía un ejército de mosquitos y tábanos —nada de mezquindades—, transforma el agua en sangre —un toque de poesía y color—, manda la peste, las úlceras y las pústulas —los comienzos de la guerra bacteriológica. ..—, a lo que agrega lo que la soldadesca practica desde siempre: el asesinato de todo lo que vive, mujeres, ancianos, niños, animales (Ex 12:12). La devastación, el incendio y el exterminio de pueblos enteros no son, como vemos, una invención reciente.
(Michel Onfray, Tratado de Ateología)
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