La piedra que fui se ablandó, dejó libre el hueco. Aquel barro que él fue se lavó. Ya cumplimos. Queda el camino limpio.
¿Qué diré ahora? Diré: Bueno. Como la semilla en su ceguera, sin conocer el árbol de mañana.
(Sara Gallardo, Eisejuaz)
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Como debe ser
No soy grande, así que guardo mi secreto y se acabó. Así explicó Diego cómo el amor queda guardado en el centro de su vida de chico. Igual que Diego lo guardo yo. No hablo de él ni lo invoco ni lo defino ni lo pido ni lo prometo ni lo recomiendo.
(Sara Gallardo, Los galgos, los galgos) p.268
Y pensar que Phil Elvrum se lamentaba en The Glow pt.2 (sequel)
"it was a mistake to rely on having my treasures seen"
Sara lo cuidó mejor.
(Sara Gallardo, Los galgos, los galgos) p.268
Y pensar que Phil Elvrum se lamentaba en The Glow pt.2 (sequel)
"it was a mistake to rely on having my treasures seen"
Sara lo cuidó mejor.
Sarita y la soberanía del mal
[venía Julián montando su caballo...]
Disipó mi furia un incidente. A cargo del oscuro por supuesto, quien a menudo me deparaba las satisfacciones que los malos otorgan a los cobardes haciendo al prójimo crueldades que ellos no osan. Pasábamos la primera casa. Una avanzada perruna se precipitó a bramarnos, acosó a los galgos, nos rodeó. El oscuro perdió la paciencia y con patada fulmínea lanzó al más insolente aullando como alma en pena hasta el horizonte. ¡Qué placer!
(Sara Gallardo, Los galgos, los galgos) p92
Sara
Por su familia tuvo y no tuvo suerte. Venía de perros cazadores. Oyó hablar de hazañas. Aquel ardor, aquellas almas. Todos desmesurados.
Primer engaño fue ese, la familia. Segundo su belleza. Nadie dejó de considerarla espléndida.
(...)
La demanda que batía en sus sangres le resultaba entonces de mal gusto. Ajena. Lloraba a solas. Se creía una reina destronada.
Tal vez sólo era débil. Como tantos.
Primer engaño fue ese, la familia. Segundo su belleza. Nadie dejó de considerarla espléndida.
(...)
La demanda que batía en sus sangres le resultaba entonces de mal gusto. Ajena. Lloraba a solas. Se creía una reina destronada.
Tal vez sólo era débil. Como tantos.
(Sara Gallardo, El país del humo) p107
Bruta genialidad argentina que podría estar en el top de los tops
Yo soy Eisejuaz, Éste También, el comprado por el Señor, el del camino largo. Cuando he viajado en ómnibus a la ciudad de Orán he mirado y he dicho: «Aquí descansamos, aquí paramos». Allí mi padre, ese hombre bueno, allí mi madre, esa mujer animosa con el hijo de encargue, allí tantos kilómetros saliendo del Pilcomayo a pies hicimos por la palabra del misionero. Allí mis dos hermanos. Allí yo, Eisejuaz, Éste También, el más fuerte de todos. Veo y digo: «Aquí se descansamos, aquí paramos». Los lugares no tenían nombre en aquel tiempo.
He visto esos lugares desde el ómnibus una vez, cuando fui a la ciudad de Orán a pedir el primer consejo, en aquel tiempo en que tuve los sueños. Pero llegó un día en que no fui a ninguna parte: ni a Orán, ni a Tartagal, ni a Salta, ni tampoco trabajé más en el aserradero. Hice la casa de paja colorada pasando las vías del tren, y esperé el momento que el Señor me anunció. Esperé al que me iban a mandar.
---
[cargaba al Paqui, y cuenta]
Había mucho barro. Me caí. Aquel hombre se quejó. También me caí otra vez. También se quejó. Quedé lleno de barro entonces, con semejante mugre. Cuando pasaos por el almacén de Gómez los camioneros dijeron: «Ahí va Vega. Encontró su tesoro». Y a Paqui: «Vas en carroza, carroña».
Di una vuelta grande para no cruzar por el aserradero, llegué a mi casa, dejé a ese Paqui en un rincón, calenté la sopa de pescado, hablé al Señor. No supe con qué palabras, solamente le dije: «Aquí estoy, aquí estoy».
Llovió mucho esas noches, llovió esos días, ya no había ropa seca, nada no había.
El Paqui era un estropeado, un paralizado, un enfermo. Yo no sabía su nombre. Le saqué las ropas y las puse al lado del fuego. Me saqué las ropas y las puse al lado del fuego. Pero el agua entraba por la puerta.
Dijo:
-Algún día podés encontrarte como estoy yo.
Dije:
-Ya estuve sucio, ahora estoy desnudo. ¿Qué más querés?
Dijo:
-Todos ustedes son sucios y desnudos. Te podés quedar duro, y hacerte encima las suciedades; tener hambre y morder el bocado en la tierra. Y tener a las mujeres con el pensamiento. Es lo que te digo. Así podés quedar. Así quiero verte.
«Aquí estoy, aquí estoy.» Di la sopa de pescado a aquel hombre y se quedó dormido en el rincón. Dormido, en aquel rincón.
Dije al Señor: «No dejes que me arrepienta».
(Sara Gallardo, Eisejuaz)
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